LA OBESIDAD INFANTIL
Un niño gordo, ¿es un niño sano?
También es válida otra pregunta: un niño gordo, ¿es un niño feliz?
Ante estas dos interrogantes, lo primero que podemos señalar es que estos conceptos están pasados de moda y ahora los padres, aconsejados por el pediatra, tienen un rol primordial en la prevención de la obesidad de sus hijos.
La mayoría de los niños presenta una obesidad simple cuya causa es un desbalance entre sus requerimientos físicos y lo que come.
Son raros los casos de enfermedad secundaria debida a otra condición como hipotiroidismo, o factores genéticos.
Un concepto importante, por el contrario, es que cada organismo tiene requerimientos diferentes, es decir, no todos los niños necesitan comer la misma cantidad. Desconocerlo, en algunos casos, puede fomentar la obesidad.
Otra premisa destacada es que no podemos medir nuestro cariño para con el niño por el estómago. Es mejor no demostrar exagerada aprobación porque se lo comió todo, ni tampoco ofrecer golosinas cuando está llorando (aprende a consolarse con la comida).
El número de obsesos aumenta día a día. Hay una influencia importante de todos los medios de comunicación que fomentan diversos consumos de alimentos con gran cantidad de calorías y poco valor nutritivo.
En primer lugar, están los probados riesgos biológicos para un menor obeso, expresados en un deterioro y acortamiento de la vida adulta por diabetes, hipertensión o enfermedades coronarias.
Existen, asimismo, evidencias concretas de que la obesidad se gesta en la infancia, por lo que el papel de los padres es crucial.
También hay que tomar en cuenta lo difícil y desilusionante que resulta en la actualidad -aunque la propaganda diga lo contrario- un eficaz tratamiento contra la obesidad.
Pero, ¿que es la obesidad?
En si misma no es una enfermedad, sino que es un complejo sintomático producto de la acumulación de grasas en mayor cantidad que lo normal en el organismo, lo que se traduce en un peso excesivo.
¿Qué implica la obesidad durante la infancia?
La inconveniencia radica básicamente en los problemas emocionales, sicológicos y particularmente el riesgo aumentado que tienen estos niños de llegar a ser adultos obesos.
Se estima que entre dos de cada diez niños menores de dos años, que tienen sobrepeso, son futuros obesos en la edad escolar, pero por otra parte, sólo el 10 por ciento de los escolares obesos fueron lactantes gorditos.
Otra edad que marca la futura obesidad está dada en la adolescencia. Dicho de otra forma, siete de cada diez púberes que cursan con sobrepeso a esta edad serán adultos obesos. A esas edad los pediatras ya perdimos la oportunidad de haber cambiado hábitos.
Obesidad, ¿es sinónimo de comer mucho?
Tradicionalmente ha sido considerada como el producto de comer mucho y moverse poco.
La información que tenemos en la actualidad es que esto es verdad, son factores que se relacionan con ella, pero hay otros elementos, entre ellos los genéticos, que son muy importantes en el desarrollo de este trastorno. La pediatría tiene la gran oportunidad de pesquisar a este grupo de niños en su más tierna infancia para adecuar los hábitos necesarios de una correcta alimentación
¿Cómo se hace el diagnóstico de esta enfermedad?
Cualquiera de nosotros, sin haber estudiado medicina puede decir "este niño es obeso". Es cosa de palpar los pliegues en el abdomen, de ver la cara, los muslos. La simple vista tiene más del 80 por ciento de coincidencia como el diagnóstico médico. Esto habitualmente lo puede hacer la familia o las personas que viven junto al niño.
Las consecuencias de la obesidad infantil:
Existen dos mayores consecuencias de la obesidad infantil. La primera está relacionada con cambios psicológicos. Ellos ocurren temprano en la vida e incluyen:
- Baja autoestima.
- Bajos resultados en el colegio.
- Un cambio en la auto-imagen, particularmente durante la adolescencia.
- Introversión, a menudo seguida de rechazo social.
- La segunda consecuencia guarda relación con el aumento del riesgo de desarrollar enfermedades o condiciones patológicas. Estas ocurren a una edad temprana (como por ejemplo aumento en la presión sanguínea), pero generalmente ocurren en la edad adulta. Ellas incluyen:
- Aumento en la presión arterial (hipertensión).
- Aumento de los niveles del colesterol general (hipercolesterolemia), especialmente del "colesterol malo".
- Altos niveles de insulina en la sangre (hiperinsulinemia).
- Problemas respiratorios al dormir (apneas de sueño).
- Problemas ortopédicos, especialmente de articulaciones.
El mayor riesgo de la obesidad infantil es el hecho de que mientras menor sea el niño obeso, mayor el riesgo de desarrollar las complicaciones arriba señaladas durante el transcurso de su vida.
Tratamientos:
Las opciones disponibles para el tratamiento de la obesidad en niños son limitadas. En adultos con obesidad, hay medicamentos disponibles para ayudar a suprimir el apetito o que interfiera con la absorción de grasas. El uso de estos medicamentos no ha sido estudiado en poblaciones pediátricas. En niños obesos, los pilares de la terapia incluyen dieta y ejercicio, ambos importantes para el control del peso sea exitoso. En niños en crecimiento el objetivo del control del peso es a menudo el mantenimiento del peso, o sea mantener el peso actual mientras el niño crece en estatura, Los objetivos de calorías pueden ser estimados más efectivamente trabajando con un experto en nutrición (nutritionista), quien puede asesorar a la familia acerca de cómo estimar los tamaños de las porciones, y cómo hacer las elecciones apropiadas en cuanto a alimentos. El ejercicio debe consistir de 30 minutos de actividad aeróbica (caminar energéticamente, nadar, o andar en bicicleta) todos los días.
Las terapias de comportamiento también son útiles en el tratamiento de la obesidad. La mejor técnicas es que el niño se vigile a sí mismo, manteniendo un diario del ejercicio hecho y los alimentos comidos. Si el padre o madre de un niño más grande de edad trata de regular la dieta, el plan a menudo falla cuando el niño haya otras maneras de obtener alimentos. Los cambios en el comportamiento que son importantes incluyen sentarse a comer en la mesa, en lugar de comer enfrente de la televisión, siendo que estudios han mostrado que es más probable que los niños que miran la televisión consuman más calorías. Las comidas deben de ser hechas en un horario regular, para que el niño aprenda la hora apropiada para las comidas y minimice los refrigerios entre comidas. Fortalecer la autoestima y alentar al niño a tratar el control de peso con una actitud positiva también contribuirán a alcanzar el éxito.
Conclusiones:
- La obesidad es una cuestión significativa en nuestra sociedad hoy día. Los niños obesos tienden a convertirse en adultos obesos; las complicaciones por la obesidad incluyen enfermedad cardiovascular, diabetes, e hipertensión. Un buen cuidado preventivo debe incluir la identificación de la obesidad, la identificación de cualquier complicación, y la iniciación del tratamiento.
- El tratamiento debe ser personalizado y para ello debe efectuarse un buen diagnóstico. Las medidas a tomar básicamente son:
- Modificar el estilo de vida.
- Dieta.
- Ejercicio.
- Tratamiento Médico según patología específica.
- Cirugía, para casos refractarios a tratamiento médico.